9/3/09

DESDEÑA EBRARD ACUERDOS DE LA CONSULTA VERDE

Hermanada virtualmente a la fatalidad, Iztapalapa --topónimo que en lengua Náhuatl significa "En el agua de las Lajas"--, muere paradójicamente de sed. Encara un perpetuo proceso de devastación territorial, iniciado desde la misma llegada de los españoles. Y así, despojada de su pasado histórico y devorada en su esencia rural por el desordenado crecimiento urbano que heredamos del gobierno alemanista, sale al encuentro de la Línea 12 del Metro. La Línea Dorada , llamada así por los mentores de la mega obra, “hace ostensible un alto contenido político-sexenal”. Es la “carta fuerte de Marcelo”, dirían los detractores del plan urbanístico, pero no representa precisamente un futuro dorado, de esplendor, para Iztapalapa. Por el contrario, existe un creciente rechazo entre los ocho barrios que conforman la parte central de la demarcación, colonias y unidades habitacionales, que conjuntan más del 35 por ciento de la población afectada de una u otra manera--, bajo el argumento de que las obras del metro provocarán un impacto ambiental, económico y social de proporciones inéditas. Provocará daños irreversibles en los mantos freáticos del sureste capitalino, de los cuales se extrae el 35 por ciento del agua que se consume en el Distrito Federal. Aunado a ello, se prevén hundimientos de hasta 5 metros de profundidad en tan sólo 5 décadas y de 2 metros en no más de 20 años, en razón de que el suelo de Iztapalapa, es arcilloso y poroso, sostuvo José González Cedillo, integrante de la mesa directiva de la Asociación Civil de Pueblos y Barrios Originarios de Culhuacán. Todo ello, indica González Cedillo, no deriva de meras insinuaciones de la población, sino que corresponde a la información contenida en el Plan Ejecutivo de Construcción de la Línea 12 del Metro y forma parte de los estudios de percepción ciudadana realizados por especialistas de la UNAM. La situación es tan delicada que se augura un fuerte impacto laboral. Por lo menos 5 mil comercios de los que dependen 35 mil familias, se verán afectados por el cierre temporal de dos años que se estima durará la obra impulsada por el gobierno capitalino. Originario de Iztapalapa, del pueblo de Culhuacán, González Cedillo, calcula que dichos establecimientos representan el 38.9 por ciento de la actividad económica regional. Pero eso no es todo. La creciente inseguridad, delincuencia, desempleo, contaminación hundimientos del suelo y daños irreversibles al patrimonio cultural de pueblos como Culhuacán, cuya fundación se remonta al año 632 de nuestra era en la zona lacustre de la cuenca de México, cabalgan como moderno jinete del Apocalipsis sobre lo que queda de esa región que en su momento fascinó a los conquistadores españoles. Y es que no fue para menos. Iztapalapa como otros espacios aledaños se asentaba en tierra firme y sobre las aguas mediante chinampas destinadas a la siembra de maíz, lechuga, acelga, betabel, col, nabo, romeritos y alcachofa.

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